El cuadro de la semana. Alegoria de la guerra. P.P. Rubens.
El cuadro de la semana. Andrea Mantegna:El Parnaso.
Mercedes Madrid: El cuadro de la semana. Flora, de Tiziano.
Inicio esta sección aprovechando la confortable acogida que Salva me ofrece en este blog del Instituto Ferrer i Guardia (que para mí siempre será “mi” instituto, igual que Salva sigue siendo “mi” querido compañero y cómplice en la aventura de hacer que nuestros -ahora sus- alumnos descubran y disfruten con la Antigüedad Clásica). Mi intención es comentar cada semana un cuadro o una escultura que tenga como referencia a Grecia o Roma. Se trata de ver, por una parte, qué lectura se ha hecho en cada momento, a lo largo de los tiempos, de estos personajes, motivos o temas que forman una de las fuentes más nutricias del Arte occidental y, por otra, aumentar modestamente con estos comentarios el disfrute que estas obras de arte producen con su sola contemplación, por aquello tan socrático de que el conocimiento ayuda a comprender la belleza.
Dada la época del año en que estamos, he elegido para empezar la Flora de Tiziano (1516-17, Gª de los Uffizi. Florencia. Óleo sobre lienzo 79 x 63 cm).
Se trata del retrato de una bella mujer que adopta el ropaje mitológico como coartada para dejar entrever un pecho desnudo, librando con ello al pintor de la censura social por este atrevimiento. Las flores que lleva en su mano derecha la identifican como Flora, una antigua divinidad itálica de las flores, los árboles frutales y el vino, que más tarde se va a confundir con la Primavera. En su honor se celebraban en Roma a finales del mes de abril (desde el 28 al 3 de mayo) las Floralia, fiestas populares y con fama de licenciosas por la gran presencia que en ellas tenían las prostitutas. Se ofrecían rosas a la diosa y se bebía menta (dos símbolos de Venus) y las mujeres vestían ropas multicolores para imitar la policromía del campo y los hombres se adornaban con coronas de flores. Ovidio le dio a esta diosa un pedigrí griego en sus Fastos (V 185 ss: “Yo era Cloris, que ahora me llamo Flora. Yo era Cloris, la ninfa de las llanuras felices …”), texto, como es sabido, del que se sirvió Botticelli para su “Nacimiento de la Primavera”.

¿Quién se esconde bajo esta Flora y qué significado tiene? Muchos estudiosos consideran que este tipo de retratos, típicos del renacimiento veneciano, representan a prostitutas que en ellos ofrecen sus servicios, pero si se estudian los fundamentos ideológicos y las prácticas ceremoniales de la institución del matrimonio renacentista, como hace A.Gentili, estas sensuales mujeres se ven desde otra óptica.
De acuerdo con la narración de Ovidio, la diosa Flora se aleja notablemente del mundo de las prostitutas, que tanto recriminaba Lactancio a las Floralia, y viene a representar no sólo la fecundidad de la naturaleza, y por extensión del matrimonio, sino también la concordia entre los esposos (Céfiro, tras raptar a Cloris, se casa con ella y le regala su mítico jardín). Es, pues, un buen modelo mitológico para una esposa de la que se espera decoro en la vida pública y sensualidad y entrega en la intimidad Estamos, pues, ante una joven esposa tal como debe mostrarse en la alcoba a su marido: sus cabellos caen sueltos sobre sus hombros y espaldas y está vestida con una camisa blanca (la prenda más íntima del vestido femenino en el Renacimiento, el último y más leve obstáculo que el marido debe franquear). Estas Floras venecianas expresan de una forma clara los matices de su propio deseo, no sólo porque desnudan su pecho (por cierto con un claro referente griego al tipo de la llamada Venus Genetrix), sino a través de un registro bien establecido de gestos y miradas. En el caso de la Flora de Tiziano, una ligera aprehensión se vislumbra en su rostro y como una ligera reticencia o pudor a desnudar su pecho. Lleva un anillo (señal de matrimonio) en la mano derecha que a la vez disimula y exhibe entre las hojas y las flores. La mano izquierda que se destaca sobre el rico brocado granate bordado en oro, dirige hacia el vientre el índice y con el corazón forma una tijera, gesto que en la celebración de la unión matrimonial resulta sumamente explícito: las tijeras que cortan la cintura virginal.

Puede aventurarse, por tanto, que estamos ante un retrato matrimonial, como es el caso de la famosa Venus de Urbino, destinado quizás a una novia joven a la que se pretende iniciar en los secretos y los placeres de la vida matrimonial, ofreciéndole un modelo, culturalmente inatacable gracias a su travestismo mitológico.